La Escuela católica está llamada a una profunda renovación. Debemos rescata la identidad católica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero valiente y audaz, de modo que llegue a ser una opción profética plasmada en una pastoral de la educación participativa. Dichos proyectos deben promover la formación integral de la persona teniendo su fundamento en Cristo, con identidad eclesial y cultural, y con excelencia académica. Además, han de generar solidaridad y caridad con los más pobres. El acompañamiento de los procesos educativos, la participación en ellos de los padres de familia, y la formación de docentes,son tareas prioritarias de la pastoral educativa. (337 Doc. de Aparecida).

”La formación integral de niñas y jóvenes pasaba en nuestra Fundadora por estos principios: enseñar a amar a Dios para mejor servirle en su Iglesia, y preparar su inteligencia, su persona toda con los conocimientos más completos y adecuados para la realidad de su tiempo: educar el entendimiento y la voluntad por medio de los conocimientos

humanos y labores propias del sexo, pero muy especialmente por la Piedad cristiana

Concebimos al hombre como una persona singular, social y trascendente en continuo proceso de crecimiento y maduración. La escuela es lugar privilegiado para favorecer este crecimiento y potenciar sus posibilidades físicas, intelectuales, afectivas y religiosas.

Nuestros colegios se proponen, según el ideal de Santa Paula Montal, “Salvar las familias enseñando a las niñas el Santo temor de Dios” y la educación integral de la mujer con sentido humano profundo.

 

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