Día de Madre Paula

Comienza el año 1889 y la vida de Madre Paula se va apagando, como lo hace al atardecer el crepúsculo vespertino. El sol tramonta la montaña de Montserrat.

En el Monasterio Benedictino resuena el solemne canto de Vísperas. Las niñas abandonan el Colegio. Las Religiosas de la Comunidad hacen visitas rápidas a la celda de la Madre. Se le acaba la vida y aún le crece el amor.

Es el veintiséis de febrero de 1889. El capellán de la casa ha ido a visitar a la Madre. Hoy la ha visto más grave y le ha prometido otra visita.

La Hermana Asunción, enfermera, se ha detenido en el dintel de su celda. La Madre, incorporada, alzados sus brazos, fija su mirada en un punto que ella sólo capta y pronuncia con voz clara:”¡Madre, Madre mía!”. En un segundo han caído sus brazos. Madre Paula ha llegado al Puerto.

Hoy, la obra de Madre Paula sigue vigente en religiosas y laicos presentes en decenas de centros en África, América, Asia y Europa.

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