Madre Paula Montal

Resulta importante leer y releer la vida de Madre Paula Montal para comprender (aunque sólo sea en parte) la importancia de su obra. Este texto fue elaborado en base al texto “Pensamientos de Madre Paula Montal”

La vida de Paula Montal se puede dividir en tres períodos bien definidos, de treinta años de duración cada uno. El primero abarca la infancia y juventud (1799-1829), que transcurre toda en su villa natal. Paula Montal nació en Arenys de Mar, provincia de Barcelona, y diócesis de Gerona, en España, el 11 de octubre de 1799, y fue bautizada ese mismo día. Recibió el sacramento de la confirmación el 4 de junio de 1803.

Del matrimonio de sus padres, Ramón Montal, maestro cordelero, y Vicenta Fornés, nacieron cinco hijos, Paula era la mayor. Pero en la casa paterna vivían también, cuatro hijos del primer matrimonio de su padre. Hogar muy cristiano, tuvieron gran cuidado y solicitud en que fuese educada en los más profundos valores de la vida cristiana. Huérfana a los diez años, tuvo que trabajar como “puntaire”, encajera, para ayudar a su madre y sacar adelante a su familia.

Entretanto, tomó parte muy activa en el apostolado parroquial, como miembro de la Cofradía del Rosario y de la Congregación de los Dolores, destacando desde su infancia y juventud por su profundo amor a María. Fue fiel colaboradora del párroco en la catequesis de los niños y jóvenes. Realizó pequeños ensayos docentes. Y fue en este período cuando constató como una necesidad urgente de la Iglesia la educación integral humanocristiana de las niñas y de las jóvenes, la promoción de la mujer. Fiel al llamamiento del Señor decidió consagrar totalmente su vida a esa misión.

La segunda etapa de su vida (1829-1859), se caracteriza por su actividad como fundadora: establecimiento de escuelas y formación de sus miembros.

En 1829, superando las dificultades políticas y sociales de la época y, acompañada por su amiga Inés Busquets, se trasladó a Figueras (Gerona) para abrir su primera escuela. De 1829 a 1842 realizó una intensa labor educativa en Figueras, estableciendo un amplio programa de materias para las niñas en el que rompía la discriminación existente en relación con los niños, a nivel legislativo y estatal. Allí aparece claramente perfilada su vocación de educadora, escolapia y fundadora.

En 1842 estableció su segunda escuela en Arenys de Mar, acentuando el sentido cristiano que quería dar a sus escuelas. Siguió Sabadell en 1846, realizada con el objetivo preciso de ponerse en contacto con los padres escolapios, con cuyo carisma calasancio se sentía totalmente identificada, por lo menos desde 1837. Quería integrarse en la Escuela Pía para vivir la espiritualidad y las Constituciones y Reglas de San José de Calasanz, además de abrir una escuela para niñas.

En Sabadell se estructuró canónicamente la Congregación con la espiritualidad y las reglas calasancias. Allí profesó el 2 de febrero de 1847. Pero en el Capítulo general tenido el 14 de marzo de 1847, no fue elegida Superiora general, ni Consultora de la general, quedando alejada de la dirección del grupo, pero manteniendo su responsabilidad de fundadora.

En el decenio 1849-1859 la Congregación creció con mucha rapidez, tanto geográfica como numéricamente bajo su impulso directo. Realizó las fundaciones de Igualada, 1849, Vendrell, 1850, Masnou, 1852, Gerona, 1853, Blanes, 1854, Barcelona, 1857, Sóller, 1857, y Olesa de Montserrat, 1859. De 1852 a 1859 fue Maestra de novicias en Sabadell. En ese período profesaron 90 novicias, y en términos generales, de 1829 a 1859, fue la formadora de las 130 primeras religiosas de la Congregación.

El tercer período (1859-1889) lo pasó todo él en Olesa de Montserrat, un tanto alejada de la dirección del Instituto, y trabajando intensamente en el reducido campo de acción que la obediencia le había confiado: la comunidad y las niñas de Olesa de Montserrat. Su actividad como superiora y directora abarcó todos los aspectos organizativos de la puesta en marcha y el trabajo de la casa en su doble vertiente: comunitaria y escolar. Procuró para su colegio un ambiente de familia, donde se hermanaban la alegría con un trabajo escolar intenso, y la profunda formación cristiana de las alumnas. Se distinguió por su espíritu de oración, amor a los pobres y fidelidad al cumplimiento de las Constituciones y Reglas.

En Olesa de Montserrat vivió con intensidad todos los problemas y alegrías de la Congregación, proyectando en su propia actividad y en la de todas sus hermanas su testimonio de vida entregada totalmente a Dios, a través de la tarea educativa, y en sus últimos años, a una oración intensa y confiada.

Su existencia se fue apagando lentamente y el 26 de febrero de 1889, después de una dolorosa enfermedad, se durmió suavemente en el Señor, tras haber exclamado con voz clara y la mirada fija en un punto: “Madre, Madre mía”.

La vida de Madre Paula Montal se puede definir como vocación de amor y servicio a la niñez y juventud femeninas, a través de la educación cristiana y promoción integral de las mismas. A su muerte, la Congregación de las Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías, por ella fundada tenía 19 casas, distribuidas en dos provincias, 308 religiosas y 35 novicias.

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