Meditación del 3 de octubre

Escrita por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 10, 2-16

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».
El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».

Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».

Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

La clave es amar


1) Dureza de corazón: No hay nada más hermoso que amar. Esto lleva a que un hombre o una mujer abra su vida ante aquella persona que ama. Cuando se ama es algo que mueve lo más íntimo de uno. Incluso lo lleva a meterse en cuestiones ilógicas, pues el que ama es capaz de hacer locuras por amor. Pero, sin embargo, cuando el egoísmo infecta el amor puede ser terrible, pues la obsesión y el punto de querer tenerlo todo puede llevar a sofocar más que liberar. Quien verdaderamente ama permite que su amado se plenifique y crezca. No asfixia a quien ama, es su bastón en la vida y no el policía que lo controla o la controla en la vida. Cuando el corazón está tomado por el egoísmo y la soberbia uno puede dejar de lado lo más hermoso, que es amar.


2) Dejará: Quien ama experimenta la renuncia. Sí, cuando amas a alguien buscas darlo todo, y esto implica un precio, el precio de renuncias personales. Renunciar a tus mañas, renunciar a tus tiempos, renunciar a tus gustitos. Pero no es una renuncia con peso, es una renuncia con alegría porque lo haces para un beneficio mayor, el construir la vida con alguien. Por eso si vos estás enamorado de alguien estoy seguro que te la estás jugando. Una pregunta que te dejo hoy es ¿a qué renuncio por esta persona a la que amo? ¿a qué renuncié por ella o por él?


3) Los abrazó: Cómo suena en mi cabeza y corazón el escrito del Papa cuando nos habla en Amoris Laetitia en su capítulo ocho sobre lo que se conoce como «cuestiones irregulares», referido a divorciados en nueva unión. Este camino que se nos propone de abrazar a cada persona y acompañar ese proceso que viven, llevarlos al encuentro del Señor y poder hacer un camino de discernimiento. El caminar a la par y mostrar esa cercanía, ese abrazo de nuestro Dios. Todos nosotros, cada uno con sus luchas, sus errores, sus dolores y sus fracasos, debemos ir al encuentro del Señor para seguir construyendo. Hoy vos podés ser ese abrazo de Dios. Usa tu brazo para abrazar y no tu dedo para condenar. Vos sos un discípulo-misionero de Jesús, salgamos a anunciar que hasta el cielo no paramos.

Fuente: https://misionerosdigitales.com/author/pbro-luis-a-zazano

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