Meditación diaria: meditación del 6 de septiembre

Escrita por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según San Mateo 18,15-20.

Jesús dijo a sus discipulos:
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.

Ganar y no liquidar.

1) Corrección fraterna: es un tema que podría ayudar mucho a la Iglesia y a la sociedad. Jesús nos regaló un arma tremenda que puede ayudar a nuestra humanidad, pero no la usamos. Muchos usamos la corrección fraterna, pero para liquidar al hermano, convirtiendo a la Iglesia como un estilo «casa de gran hermano» o reality donde, si te agarran, significa que «estás nominado». Pero también generando la situación de que, a quien se le corrige muchas veces, no lo toma como gesto de cariño, sino que hasta se ofende. Así se hace un poco difícil. Jesús nos enseña hasta los pasos a dar. Te invito a que en la semana reflexiones a quién debes hacerle una corrección fraterna. El cómo allí lo tenés.

2) Animación fraterna: otra de las cosas que hemos dejado de lado es la animación fraterna. Nos olvidamos que la corrección implica corregir pero, si un hermano está haciendo bien las cosas, anímalo y ayúdalo con tu cercanía, porque hace bien. Somos siempre de tirar pálidas y liquidar a quien actúa mal, pero animemos al que la va remando y lo va logrando. Con una animación sincera y sin peros. Están esos que te largan cosas lindas y cortan con el «pero…» y luego del “pero” viene una tracalada de cosas que te terminan liquidando. Al final te hacen como las enfermeras cuando te ponen una inyección en la cola, te hacen masajito y cuando te relajas viene el pinchazo y queeeee dolorosoooo.

3) La fuerza de la oración: el Evangelio nos muestra cuán fuerte es la oración, lo que implica orar por alguna situación o por alguien. Antes de corregir ora y luego de corregir también ora. Si me recrimino algo es que me dedique al mucho “hacer” y poco al “ser”. La oración es la esencia del sacerdocio. Ora y habla con Dios. No dejes este elemento clave de nuestra vida cristiana, por lo cual admiro a mis hermanos evangelistas que lo aprendieron bien. Hoy te invito a que tomemos momentos para hablar con Él.

Fuente: https://misionerosdigitales.com/author/pbro-luis-a-zazano

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